La actividad deportiva o de juego que se realiza contra otro o contra otros, activa la confrontación lúdica, siempre y cuando reúna dos componentes: la activación del agón, es decir, movilizar el sentimiento que tienen las personas por vencer obstáculos, superar retos y desafíos para probar que sí podemos hacer las cosas , y el elemento lúdico, es decir, la activación y disfrute de lo que se hace, ya sea de manera individual o colectiva.
Lo lúdico se refiere al placer por jugar, entonces la confrontación lúdica implica disfrutar del juego y potenciar las actitudes para realizar esfuerzos cada vez mayores con el propósito de mejorar el desempeño a través de los juegos y actividades de oposición. Se trata de aprender del triunfo y la derrota, de saber ganar con apego a las reglas, y de respetar al adversario.
Por ello, hay que diseñar situaciones de aprendizaje en donde la confrontación sea vivida como un medio para que los jugadores mejoren sus actitudes, habilidades y desempeños motrices, evitando convertir los juegos y deportes en espacios para sólo obtener de resultados y el triunfo a toda costa.
Ejemplo: En el juego Tomar Troya, la intervención docente se enfoca en: a) convocar a los estudiantes a desarrollar diversas tácticas para obtener mejores resultados con lo que se potencia el agón, b) cuidar la integridad de los jugadores contrarios, respetar las reglas y divertirse al resolver los desafíos que forma parte del componente lúdico, dos dispositivos esenciales para que los alumnos disfruten de la actividad física. |